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Olmeda de las Fuentes

Vegetación

Vegetación

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La caracterización general de la vegetación en Olmeda de las Fuentes corresponde con el piso climático mesomediterráneo, en donde dominan los encinares y coscojas, así como quejigares en las zonas más frescas. Más concretamente, las masas vegetales que podemos encontrar corresponden a las condiciones que se dan en la llamada Alcarria, caracterizada por tener suelos básicos (calcáreos y yesíferos).

Las unidades de vegetación varían de acuerdo a las condiciones de los suelos, la disponibilidad de agua y la orientación en solana o umbría .

Las riberas fluviales y las pequeñas vegas se asocian a los cursos de agua superficiales o a las surgencias subterráneas. En los propios cursos de agua o en las zonas que permanecen encharcadas se desarrollan los carrizos y eneas. En los bordes de las corrientes, se desarrollan los sauces que pueden tener como vecinos chopos negros, sauces blancos, así como a algunos tarays. Donde no hay cultivos, los álamos; con sus troncos plateados, las rosas, majuelos, zarzas o endrinos ocupan las llanuras aluviales cercanas al cauce.

En la zona se da una situación topográfica muy característica de la Alcarria: el contacto entre las calizas permeables del páramo, y las margas o yesos menos permeables. En el caso de Olmeda de las Fuentes, merece una consideración especial las olmedas, que normalmente se instalan entre las alamedas y los encinares. En los pequeños oasis generados por la aparición de surgencias de agua se desarrollan las “olmedas colgadas de la Alcarria”, que permiten la persistencia de olmos aislados entre las casas o en las huertas. Es más que probable que el origen del nombre de este municipio se debiera a una de esas llamativas olmedas colgadas por debajo del árido páramo. Lamentablemente, la mayor parte de los olmos han sucumbido a la plaga de la grafiosis.

MajueloEn las cuestas y laderas, los materiales dominantes son las margas y los yesos blandos y blancos. Sus suelos son de poca profundidad, lo que impide el crecimiento de muchas plantas. Aunque se pueden encontrar algunos cultivos, principalmente de olivos y viñas, pero lo más habitual son las formaciones de matorral en las que dominan las plantas aromáticas y espinosas, como las aliagas o aulagas, romeros, tomillos y salvia, debido a que son muy resistentes a la insolación. También se puede encontrar sabina mora, aladierno, olivilla, espantalobos o algún majuelo, así como algunos pies aislados de encinas. 

Por el carácter calizo del terreno, es frecuente encontrar distintas especies de orquídeas, especialmente en abril y mayo. La parte más visible y extensa del terreno está dominada por las formaciones calcáreas conocidas como “calizas del páramo”, que constituyen la base de las llanuras altas cerealistas.

Las plantas aromáticas de la Alcarria han estado tradicionalmente asociadas con la producción de miel, conocida por su alta calidad. Ello es debido a la gran variedad y abundancia de plantas melíferas que proporcionaban recursos durante una época muy amplia del año, gracias a la floración escalonada de las distintas especies.

El esparto tuvo una gran relevancia en una época no muy lejana, llegando a ser casi cultivado por el hombre con fines de aprovechamiento para la elaboración de cuerdas, suelas de calzado, serones y otros utensilios de uso cotidiano. Se puede encontrar en las laderas yesíferas resecas.

En las zonas de umbría o fondos de valle, se instala el quejigo, que puede verse acompañado de arce, mostajo y otros serbales.

Los enclaves dominados por los yesos, acogen una vegetación muy característica y especializada que posee un alto interés botánico, con algunos endemismos de interés (es decir plantas que sólo existen en esta zona). Por ejemplo, Gypsofila bermejoi o Euphorbia lagascae.

En las zonas de páramo, la altitud y el substrato calcáreo determinan las unidades de vegetación, que en este caso se limitan al encinar y quejigar.

Bajo las encinas se pueden encontrar majuelos, rosas, endrinos, aliagas, romero y entre otras. Estos encinares; menos densos que los ubicados en valles en estado natural; han experimentado transformaciones muy profundas en favor de la agricultura de secano o, incluso, del pastoreo, pero son numerosas las manchas o bosquetes de los mismos. Es frecuente encontrar en las zonas agrícolas pies separados de encinas en forma adehesada. Destaca entre ellas, una encina, conocida como "encina de la Pica", que está catalogada como árbol singular de la Comunidad de Madrid y es uno de los tesoros naturales más apreciados por los olmedeños.